lunes, 30 de junio de 2008

El espejismo de una nación

Y ayer, por fin, ganó la Eurocopa España, y todos contentos, todos dando botes de alegría por las calles y plazas de cualquier rincón de nuestra patria. Enhorabuena, campeones, así se hace.
Cómo no podía ser de otra forma, me alegro como el que más por este gran logro deportivo, porque me gusta el fútbol y porque soy español, pero hay una segunda lectura de los acontecimientos que no querría dejar pasar por alto:

España es una gran nación, y así lo sentimos la mayor parte de sus habitantes. Desgraciadamente, parece ser que desde la casta política no lo tienen tan claro, y son muchas las iniciativas que se llevan a cabo para obviar a que país pertenecemos.
Cuando juega España, ya no juega España, juega “La Roja”, o la “Selección”, o incluso hace bien poco jugaba el “Combinado Nacional”, no sé si se referirían con este apelativo al equipo de fútbol o al DYC con Cocacola…

Y es que aquí nadie quiere herir la sensibilidad de los nacionalismos excluyentes, pues al ser España una nación de naciones según nuestro inefable ZP, que por una vez no fue gafe en la final de Viena, España deja de ser España para ser un conglomerado de pequeños reinos independientes con sus intereses, sus símbolos y su autogestión corrupta, vaciando de contenido y competencias el Estado Central. Algo así como la España musulmana de taifas, último paso hacia la desintegración de Al-Andalus como tal.
En aquella España cada caudillo o jerifalte árabe pagaba un tributo a los reinos cristianos para seguir sobreviviendo, aunque ni siquiera de este modo lograron resistir a lo que estaba por llegar. Y es que la desunión y el tirar cada cual por su lado nunca fue el camino hacia el éxito.

Hay sentimientos que nuestros políticos no pueden frenar por mucho empeño que le pongan, por mucha inmersión lingüística, por muchas leyes restrictivas la mar de absurdas que inventen o por mucho que se obcequen en hacer desaparecer de los balcones de edificios oficiales nuestra bandera rojigualda.

Es triste que el sentimiento patrio solamente se haga visible y latente cuando juega España al fútbol, pero yo gocé sobremanera, sé que no es de buen cristiano, pensando en todos aquellos politicastros nacionalistas que ayer se indigestaron con la cena, mientras escuchaban desde sus lujosas moradas como Cataluña, Galicia o Vascongadas estallaban de júbilo tras el pitido final del árbitro de la contienda.

Y es que no les sirvió de nada impedir que se instalaran pantallas gigantes en aquellas regiones para seguir el partido en público, ni levantar la bandera alemana en sus sedes políticas, ni declaraciones antiespañolas para salir en la tele un minuto, ni siquiera, y esto si que es vergonzoso, mandar a sus hordas en forma de policía autonómica a pegar a la gente por celebrar en San Sebastián lo que de forma tan natural se estaba haciendo en el resto de España.

Ellos son así, una minoría infame que envenena y rige por un error de la Ley Electoral el destino de todos nosotros. Elecciones tras elecciones se convierten en la llave maestra que abre la cajita del poder, de la mayoría absoluta en el Congreso de los Diputados y hay que tenerlos contentos y con el estómago lleno. Ellos, que odian a España con toda su alma y no se avergüenzan ni un ápice de este oscuro sentimiento, chupan de nuestros bolsillos, viven de nosotros como sanguijuelas insaciables, perjudicando sin complejos el interés general de sus conciudadanos.
Anoche no pudieron frenar la algarabía, el ambiente festivo, el desenfreno de una población que siente España y sus colores y por ello goza de sus éxitos deportivos como si ellos mismos fuesen los protagonistas de la hazaña.

Ayer, nacionalistas y demás venenosos, tuvieron que escuchar aquello de “Yo soy español, español, español” o aquello otro de “España unida jamás será vencida” y es que este último cántico encierra en sí mismo lo que es España y los españoles, el sentimiento del 2 de Mayo, de las Cortes de Cádiz, de la Constitución del 78.
Un sentimiento tan puro y cristalino que no es posible romperlo ni contaminarlo a base de patrañas y falacias de personas que han hecho de la mentira y de la falsedad histórica su medio de vida y su forma de enriquecerse vilmente.


¡Enhorabuena, campeones! ¡Felicidades España!

1 comentario:

Don Pelayo dijo...

Triste, muy triste es ver cómo ahora presume de patriotismo la misma gente que cuando no hay Mundial ni Eurocopa, se desentiende de esa bandera, permite que se la pisotée e incluso apoya que se la mancille o diga que no les representa.

Ahora todos están orgullosos de ser españoles, dentro de un mes, ya veremos...