martes, 17 de junio de 2008

Y… ¿por qué no?


Creo que es acertado por mi parte empezar mi andadura en el mundo de los blogs con una entrada que explique porqué estreno éste mío.
Supongo que el blog es el diario del siglo XXI donde poder recoger inquietudes e impresiones sobre los temas de candente actualidad que más te sobrecogen o impresionan.
¿La diferencia entre diario y blog? Un diario es algo íntimo y personal, sin alas para volar desde tu cajón. Yo, en concreto jamás comencé ninguno, aunque debe ser algo muy común. En todas las películas norteamericanas sale un adolescente cabreado porque su hermana del alma o su progenitora han estado cotilleando el cuadernito que guarda bajo el colchón, cargado, claro está, de ligues, besitos en la playa u otro tipo de intimidades inconfesables.

Un blog es algo público, sin complejos, es el afán hecho palabra, una esperanza de que alguien llegue a leer o comentar tus opiniones algún día, aunque supongo que si no eres un personaje notorio, que alguna persona te siga o lea es harto improbable. Seamos realistas, lo que yo pueda pensar o decir tiene una importancia nula para los demás.

Es deprimente leer las columnas de los periódicos gratuitos que te regalan en la estación de tren cuando aún no te has desprendido de las legañas. Personajes autodenominados cantantes, filósofos, intelectuales de medio pelo o escritores sin obra, llenan un espacio precioso con estupideces galopantes: que si hoy no se me ocurre nada que contar, que si beber café me enzarpa, que si se me ha acabado el papel higiénico en el baño de una gasolinera… Supongo que tener derecho a una columna es para privilegiados o para personas con suerte loca en la vida, aunque no se la merezcan en la mayoría de los casos. Los demás, los ciudadanos mondos y lirondos, tenemos que recurrir a la única tribuna abierta y libre que existe en estos momentos: Internet.
Aún los tentáculos gubernamentales no logran acallar o censurar las opiniones vertidas en la gran red, aunque todo se andará en la España de Zapatero.

Yo de momento intentaré ser regular con mis intervenciones, aunque no desayune All Bran, meriende Activia ni modernidades de esas. Cuando me apetezca escribir, escribiré. Cuando tenga algo que contar, lo haré. El resto del tiempo es mejor callarse.

Si Pepiño Blanco y otros personajes de su bagaje intelectual tienen su blog personal desde el cual lanzar proclamas y exabruptos varios, yo que no soy nadie puedo también aliviar mi presión mental o mi diarrea conceptual en un sitio como éste. Al menos yo no pretendo influir sobre nadie ni engañar con mis comentarios a masas sedientas de palabras e ideas iluminadas. Mi única ilusión es que alguien me lea, es triste ser escritor sin lector, es triste quejarse y que nadie te escuche. En el peor de los casos, en el de las cero visitas al año, al menos mis ideas quedarán guardadas en formato digital para la posteridad, no como hasta el momento que las pensaba a ‘sotto voce’ y me amargaban las entendederas.
Quién sabe si algún día mis nietos no entrarán a Internet, o como demonios se llame en el próximo siglo, para leer las palabras de su abuelo y digan: -“¡Cuánta razón llevabas, abuelo!” o quizás todo lo contrario: “-¡Qué tonterías que escribía el abuelo, macho!”.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Me alegro mucho que te hayas decidido a escribir publicamente, eres un crack.

A ver si te animas y abres un apartado con tus mejores canciones, porque sí, amigos, ademas de escribir como como escribe,tambien canta de maravilla

Fdo.Una seguidora nata.

Anónimo dijo...

Aupa ahi :)

Siempre me ha gustado leerte y ya echaba en falta tus textos.

Pauso