lunes, 26 de julio de 2010

Zapatero tiene nombre de toro

La tauromaquia tiene tanta tradición en España, tanta historia, tantísimo recorrido, que es inimaginable intentar eliminar el gusto por ella de sus adeptos de un solo plumazo, menos aún legislando o prohibiendo su celebración.
La tauromaquia es tan extensa, tan antigua, tan ligada a la vida intelectual y cultural española, que solo estúpidos de baba podrían intentar prohibirla en España por medio de parlamentos y votaciones.
Se puede estar a favor o en contra de la tauromaquia, del matador de toros, de la Fiesta con mayúsculas. Se puede considerar al torero un asesino o un héroe, al toro una víctima o un adversario de igual a igual frente al espada, pero prohibir por ley la celebración de las corridas de toros es inaudito y atenta contra la libertad individual de los ciudadanos.
El miércoles, en Cataluña, como no podría ser en otro lugar, se discutirá en su Cámara Autonómica si la fiesta de los toros se abolirá para siempre en esta región española.
Una insensatez más por parte de los políticos nacionalistas, otra intromisión más en la vida privada de los catalanes y en su elección a elegir si acudir o no acudir a un evento determinado.
El PSOE nos tiene acostumbrados a las prohibiciones, a no dejarnos fumar donde queramos, a no podernos comer una hamburguesa XXL, a que nuestros hijos no puedan merendar un bollo en el cole, a que no existan en las aulas los crucifijos, a no poder estudiar en castellano o rotular en nuestro idioma según en ciertos lugares donde campa a sus anchas el nacionalsocialismo…
Ahora, según leo en la Gaceta, Montilla, gran aficionado a los toros, podría votar a favor de la abolición de la fiesta, y si no llega a tanto, al menos abstenerse y dejar vía libre a sus socios nacionalistas anti taurinos todos ellos. Lo más de lo más. Casposos a más no poder, quiero decir.
El debate estará abierto, se dice que en el PSC existe una gran fisura que divide a los pro taurinos y a los anti taurinos, pero que yo sepa, en España, en Cataluña menos aún, la libertad de voto no existe, y romper la disciplina de partido es un pecado mortal, una excomunión en toda regla, o excomulgación, como dijo Tardá en uno de sus rebuznos nacionalistas… al final resultará lo que vote el jefe y santas pascuas. No sé a son de qué mantener a tanto chupasangre politicastro si todos votan como un solo hombre. Ese es otro cantar.
Aquí, hoy venimos a hablar de toros, o mejor aún, de la españolidad de la Fiesta de los toros.
Nadie en su sano juicio puede pensar de Montilla que es un ecologista y defensor de los animales de vocación, ahí están sus fotos en los ruedos. Lo mismo podemos pensar de todos los nacionalsocialistas que votarán a favor de abolir la Fiesta. Más de uno le habrá tirado cantazos a un perro en su niñez, habrá acudido a una matanza de cerdo en su tierra natal o su señora lucirá en el Liceo suntuosos abrigos de piel.
Aquí lo que molesta no es la tortura animal, ni siquiera que la Monumental de Barcelona se llene cuando la visita José Tomás o el Juli. Aquí lo que molesta de veras es que los toros celebrados en Barcelona, Madrid o Cuenca, son otra de esas tradiciones comunes a todos los españoles, a nuestro ruedo ibérico, como tituló Valle-Inclán a una de sus obras maestras.
Por ello, hace tiempo, en el 2006, el consejero de Turismo de Cataluña, el señor Huguet, quería prohibir la venta de muñequitas andaluzas y de toros de peluche en las Ramblas de Barcelona, excusándose en la defensa de la artesanía catalana.
Ahora se excusan en la tortura animal, para eliminar las corridas de toros.
Como dijo en una entrevista el presidente de Ciudadanos de Cataluña, Albert Rivera, solo quieren eliminar los festejos taurinos de capa y espada, pero a la vez blindar los correbous, encierros de toros con los cuernos en llamas, y los ensogados, toros atados de la cornamenta encerrados en un recinto, ambas celebraciones muy populares al sur de Cataluña.
Ahí está la demostración de que el toro en sí les importa un bledo a estos fachillas de salón. Encima nos enteramos que, bajo cuerda, ZP quiere que su grupo vote a favor de la abolición de la fiesta nacional.
Pero lo de Zapatero tiene una explicación lógica. Tiene nombre de toro y eso le molesta sobremanera:
En 1911 le toreó y dio muerte Machaquito en Madrid, en México en 1941 corneó repetidamente al matador azteca Silverio Pérez y más recientemente, en 2006, el maestro Enrique Ponce le hizo embestir por la derecha… Más quisiera Rajoy ¡oiga!

jueves, 22 de julio de 2010

Mondo y lirondo

Hoy escribiré sobre las expresiones populares, esas de las cuales el castellano es un pozo sin fondo. Algunas de esas expresiones hablan de nacionalidades o de personas de ciertas partes del orbe.
Ahora mismo no caigo en ningún dicho castellano que hable de españoles, supongo que porque somos demasiado orgullosos para caricaturizarnos o ridiculizarnos a nosotros mismos.
Se dice hacerse el sueco, despedirse a la francesa, fumar como un turco, hacer el indio, ser engañado como un chino, tener puntualidad suiza, acudir como moros a pasas…
Me gustaría saber cómo nos ven en el resto del mundo, qué dichos hay en otros idiomas que nombren a un español.
Dicen que los estereotipos son odiosos, aunque también es cierto que para llegar a ser uno de ellos deben pasar años, incluso siglos. Ahí tenemos a ese romano tan feo, Picio, al falso de Judas, a Caco como ladrón o al torero Cagancho como símbolo de hacer las cosas mal. Aquí viene mi segunda duda: ¿Una persona como Moratinos podría pasar a la posteridad en un castizo chascarrillo?
Uniendo la imagen exterior de España y la de su máximo representante o canciller, como le llaman en Cuba al infame Miguel Ángel Moratinos, tenemos más que un dicho popular un chiste malo, una estrofa de chirigota, una pesadilla infantil como la del Coco o la del hombre del saco.
Sería de risa si no diera tanta pena, de alborozo si no estuviéramos todos los españoles representados por un siniestro personaje como Moratinos. Al menos si nos salieran gratis sus nefastas gestiones…
Me da vergüenza ver a Moratinos disfrazarse de afgano un poco alcoholizado como se le nota en las fotos que hace poco publicaba el diario El Mundo, pero lo que me da verdadera lástima es que juegue con la vida y destino de los héroes y hermanos cubanos que estos días han aterrizado en Madrid.
Estos disidentes políticos, rebeldes ante la tiranía y la dictadura castristas, han sido exiliados de su patria y aquí Moratinos y su panda de amigachos han vendido este exilio como un gesto claro de que en la isla cárcel del Caribe las cosas están cambiando.
Algunos de estos señores han estado presos durante décadas, han sufrido torturas, se han puesto en huelga de hambre por la democratización de Cuba y Moratinos en estos momentos les manda un mensaje claro, un chantaje en toda regla: o se marchan de Madrid y se dispersan por España o no entrará ni un solo preso más en España.
La última vez que unos exiliados cubanos entraron en España, Zapatero y su tropa se apresuraron a retratarse con ellos para que a continuación una lechera de la Policía Nacional les trasladase al Parque del Retiro y los abandonase a su suerte.
Cambiar un penal cubano por el verdor del Retiro no es una tortura en sí, hasta puede considerarse subir al cielo, pero abandonar a su suerte a esta pobre gente sin patria ni bandera a estas víctimas de los iconos favoritos de la izquierda española, los asesinos hermanos Castros, es una canallada en toda regla.
No caben tantas fechorías moratinianas o moratinescas en una entrada de blog, pero de la imagen que arrojábamos cuando éramos una nación de poco más de 5 millones de personas y fuimos capaces de descubrir y colonizar un continente, tener en jaque a media Europa y degollarnos como buenos españoles entre nosotros mismos a la que arrojamos ahora como país socio de las dictaduras más infames, como defensores del islamismo radical, de asesinos a la cubana y déspotas a la venezolana, hay un paso gigantesco, una caída libre hacia la vileza más cruel y la desidia más descarnada.
Dejar de patrullar la Guardia Civil las aguas españolas de Gibraltar por no molestar a los británicos, dejar un helicóptero militar de suministrar víveres y equipamiento a los soldados patrios desplazados a Alhucemas para no perturbar las vacaciones del rey moro, Mohamed VI, son pequeños gestos, pequeñas perlas negras de lo que puede despeñarse la imagen de un país a ojos extraños.
Se rieron de Aznar los progres por el episodio del islote de Perejil, por el comando Dixan, atacaron al ex presidente por la foto de las Azores junto a dos líderes democráticos, llegando la web de la cadena Ser a retocar el gesto de Aznar en una de las fotos, pero guardan silencio ante el espectáculo bochornoso de ver a ZP de gira por África, a la vice disfrazada en Maputo o a Moratinos balbucear el lingala.
Esperemos que con el tiempo, con el transcurrir de los años, no surja en inglés alguna frase denigrante como “make spanish” refiriéndose a hacer el ridículo.
Yo rezo a Dios en que se quede la cosa en un mondo “make Moratinos” o en un lirondo “make Zapatero”.

martes, 20 de julio de 2010

Salut i Força al Estatut

Es curioso cómo se repiten ciertos episodios de nuestra historia.
Es preocupante como un cáncer mal curado, se convierte mediante metástasis en una enfermedad mortal para un organismo vivo.
Leyendo un blog amigo en el que había publicado el enlace a la wikipedia de José Montilla, he terminado por releer por encima la nefasta y convulsa historia de la II República española, esa tan añorada por las izquierdas y que desembocó irremisiblemente en nuestra sangrienta y fratricida guerra civil.
¿Qué cómo he llegado del currículum de José Montilla a la Historia de la II República? Muy fácil:
Al leer que Montilla había intentado sin éxito aprobar dos carreras en su juventud tras mudarse a los 16 años junto a su familia a Barcelona, tanto Económicas como Derecho, supongo que en ese castellano que ahora persigue a brazo partido, me he preguntado cómo todo un presidente de una de las más prósperas e importantes regiones españolas tiene como únicos estudios un triste bachillerato y se atreve a intentar desvertebrar y destruir una nación de más de 500 años de Historia. Tal osadía solo puede ser fruto de la ignorancia y la estupidez más supinas.
Al menos Companys… he buscado por curiosidad al golpista Lluís Companys, aquel que era presidente de la Generalidad de Cataluña en 1934, aquel que ante la victoria de la derecha, representada por la CEDA de Gil Robles, proclamó el Estado Catalán dentro de la República Federal Española.
Sí, en efecto, al menos Companys tenía la carrera de Derecho terminada y era catalán de pura cepa, no un charnego al que no quieren ni los miembros de su propio partido. Recuérdense aquellas declaraciones de Maragall en las que dudaba de que un botifler pudiera encabezar un proyecto nacional socialista catalán.
Me recuerda esto tremendamente a aquella fiebre por la limpieza de sangre de los castellanos del siglo de Oro. A tanto llegaba la necedad y locura por demostrar que se era cristiano viejo, que se pagaban fortunas por certificados falsificados que borraran toda huella de sangre mora o judía de los árboles genealógicos.
Pero para el caso, tanto monta, monta tanto, Companys como Montilla, un tipo con estudios de Lérida de pura cepa que un renegado cordobés con el bachillerato a cuestas y un catalán que no pasa de un inseguro balbuceo.
El objetivo tanto en el 34 como en el 2010 es el mismo: una Cataluña independiente aunque ello atente contra la legalidad vigente, la rebeldía contra las instituciones nacionales, contra las leyes del Estado apoyándose en la izquierda más golpista y reaccionaria que uno se puede echar a la cara.
En 1934, ERC con Companys a la cabeza sacó a la calle a los mozos de escuadra y a milicias armadas para sembrar la insurrección, revuelta que se saldó con 40 muertos y con el President huyendo como una rata a suelo francés.
En 2010, el partido del Gobierno de España, el PSOE, apoya a su representante en Cataluña, José Montilla, que no duda en defender un Estatuto anticonstitucional que se carga la igualdad de los españoles ante la Ley, que convierta Cataluña en un Estado capaz de negociar de tú a tú con el Gobierno Español de turno, vetando leyes que salgan del Congreso de los Diputados, creando una Hacienda propia, Tribunales propios y convirtiendo el resto de España en una colonia económica o protectorado catalán.
En pocas palabras, los nacionalistas catalanes quieren que como en China, el ejecutado a muerte pague la bala con la que acaban con su vida.
Después de más de 70 años, todos nos conocemos y seguimos siendo los mismos personajes en las mismas situaciones.
No las dos Españas, una de izquierdas y otra de derechas, sino la España que cree en el imperio de la Ley, en la igualdad de sus ciudadanos, en un cúmulo de deberes y derechos recogidos en una Carta Magna, y la España que piensa que las leyes se pueden prostituir, violar e interpretar a su libre albedrío, según convenga para sus intereses.
En 1934, el golpe de Estado por parte de ERC en Cataluña y por parte de UGT y PSOE en Asturias, se saldó con muchas muertes, una represión militar y la supresión del Estatuto de Cataluña.
En 2010, con un PSOE rendido a los deseos independentistas, debilitado por un iluminado estúpido como Zapatero, principal impulsor del Estatuto anticonstitucional que nos clasifica en ciudadanos de primera y de segunda según hablemos catalán o castellano, no creo que las medidas sean tan contundentes. Esta vez el Gobierno Central no está por la labor de enfrentarse al nacionalismo catalán y si por colaborar activamente a favor de su causa.
Como en 1934, las izquierdas se sienten incómodas en una democracia en la que por normalidad, la derecha pueda llegar al poder en algún momento como todo apunta que sucederá en 2012. Igual que en 1934, la izquierda más radical, que es toda, sueña con una dictadura proletaria, como en la Rusia de Lenin, donde no exista la propiedad privada, la pequeña burguesía o los emprendedores particulares.
Solo hay que quedarse con las palabras de Largo Caballero, aparecidas también en el Wikipedia de la II República, pronunciadas en 1933:

“Se dirá: ¡Ah, ésa es la dictadura del proletariado! Pero ¿es que vivimos en una democracia? Pues ¿qué hay hoy, más que una dictadura de burgueses? Se nos ataca porque vamos contra la propiedad. Efectivamente. Vamos a echar abajo el régimen de propiedad privada. No ocultamos que vamos a la revolución social. ¿Cómo? (Una voz en el público: ‘Como en Rusia´). No nos asusta eso. Vamos, repito, hacía la revolución social… mucho dudo que se pueda conseguir el triunfo dentro de la legalidad. Y en tal caso, camaradas, habrá que obtenerlo por la violencia… nosotros respondemos: vamos legalmente hacia la revolución de la sociedad. Pero si no queréis, haremos la revolución violentamente (gran ovación). Eso dirán los enemigos, es excitar a la guerra civil… Pongámonos en la realidad. Hay una guerra civil… No nos ceguemos camaradas. Lo que pasa es que esta guerra no ha tomado aun los caracteres cruentos que, por fortuna o desgracia, tendrá inexorablemente que tomar. El 19 vamos a las urnas… Mas no olvidéis que los hechos nos llevarán a actos en que hemos de necesitar más energía y más decisión que para ir a las urnas. ¿Excitación al motín? No, simplemente decirle a la clase obrera que debe preparase… Tenemos que luchar, como sea, hasta que en la torres y en los edificios oficiales ondee, no la bandera tricolor de una República burguesa, sino la bandera roja de la Revolución Socialista”.

lunes, 12 de julio de 2010

¡Viva España!

Han pasado dos años desde que España ganó la Eurocopa, mi post de entonces puede leerse cambiando Eurocopa por Mundial y parecería que fue escrito hace unas horas en vez de hace unos años.
Y es que España sigue siendo la misma, sigue siendo un país complicado dividido en dos dimensiones.
En la primera de ellas se encuentran instalados los políticos que todo lo enturbian y ensucian y en la otra, enorme y de color rojigualda, vivimos el resto de ciudadanos amando nuestros colores colores, celebrando los éxitos colectivos como si fueran propios y buscando continuamente la felicidad de los nuestros.
Ayer España fue una fiesta, igual que cuando nos erigimos campeones de Europa, pero elevado a la enésima potencia. No había coche sin bandera en la antena o asomando por una ventana, no había tienda de Todo a Cien sin un nutrido mercadeo de apoyo a la selección: gorros, pinturas, trompetas, banderas, bufandas, camisetas y un largo etcétera.
Todo nuestro suelo patrio se convirtió en delirio cuando Casillas levantó la Copa de oro que nos coronaba como reyes mundiales del futbol.
Todo quedaba enterrado, nadie pensaba en Zapatero ni en Rajoy, en rojos y fachas, en luces y sombras, en claros ni en oscuros.
Todo español se desgarró la garganta con su bandera en las manos, en los hombros o donde fuera menester llevarla. Todos pensábamos ayer en un pulpo llamado Paul como candidato a presidente del Gobierno, a Papa de Roma o a padre adoptivo.
Dios por fin hacía justicia, era español como el Dios del Quijote, como el Dios en el que creyó Cervantes, Tirso, Unamuno o el Cid.
De nuevo los tercios españoles tomaban Flandes sin Austrias, sin Conde Duques, pero con la misma energía, la misma pasión, la misma furia indomable.
Salí a la calle después de llorar como un crío, entre la algarabía general, niños contentos a hombros de sus padres, petardos, cláxones, gritos, gente mojada de arriba abajo, jóvenes sin camiseta, personas felices por unas horas.
No existía crisis en el ambiente, ni hipotecas, ni paro, ni Zapatero llevándonos a la ruina. Reía como el que más, dejando de pensar por un momento en Montilla y sus manifestaciones independentistas.
Somos una nación, decían los independentistas catalanes por la mañana. Y llevaban razón. Hubo más gente por la noche en la plaza de España de Barcelona con banderas nacionales que por la mañana con senyeras en la manifestación independentista acompañado al renegado cordobés, al charnego puesto en limpio, al que sus propios correligionarios casi agreden y linchan.
Somos una nación, España es una nación y la gente estaba deseosa de demostrarlo, de gritarlo, de presumir de patria.
Yo soy español, español, español. Y eso era motivo de orgullo, de desparpajo, de chulería sana.
Somos una nación extraña, que lo demuestra en contadas ocasiones, que es capaz de parecer indiferente ante una subida de IVA, o ante 5 millones de parados, pero que se alegra de sus éxitos deportivos como una piña roja y gualda.
Y ahí residió siempre nuestro éxito, nuestra fuerza y nuestras singularidades; en las excepciones, en la discontinuidad histórica. En el 2 de Mayo, en el Espíritu de Ermua, en los cuadros de Goya, en Lepanto, en Pizarro y Cortés, en el Quijote y en Calderón de la Barca.
Somos una nación a la que sus dirigentes matan a diario sin que nos rebelemos, sin que nos importe una higa donde nos llevan con sus estatutos, estúpidas leyes y decisiones fatales, pero aún así, cuando llega la ocasión, siempre damos la talla.
Tal vez, solo tal vez, movimientos como el de ayer hagan despertar a nuestros líderes. Quizás así, los políticos que piensan que el café cuesta 70 céntimos, que niegan que en ciertas zonas estudiar en español es un reto, que no hacen los deberes y solo piensan en el coche oficial y en la prebendas despierten de una vez y España deje de ser bidimensional para pasar a ser una nación normal, en la que sus líderes se preocupan de los problemas cotidianos de los ciudadanos y no de vivir como reyes.
Hoy el único rey que existe es el Rey Fútbol al que en Madrid rendiremos homenaje todos los que pensamos que España se lo merece.
¡Felicidades a todos! ¡Enhorabuena campeones!