miércoles, 30 de marzo de 2011

El gobierno de la ETA

La línea que separa la ilegalidad de la legalidad es tan fina que muchas veces como ciudadanos la cruzamos y traspasamos apenas sin darnos cuenta.
Podemos tirar la basura a deshora, pisar el acelerador más de lo debido y superar los 110 km/h en autovía o fumarnos un cigarrillo en la esquina de un colegio porque pasamos todos los días por allí.
El problema viene cuando el Gobierno que dicta la ley y se supone debe velar por su cumplimiento, se orina en ella día tras día y aquí no pasa nada.
Hay delitos que son peores que tirar la basura a las 11 de la mañana, aunque huelan igual de mal que una bolsa de desechos.
Estos días se está hablando muy mucho, ya era hora, de las implicaciones que el Gobierno tuvo en el chivatazo al aparato de extorsión de la banda ETA en el famoso Bar Faisán.
Si sospechábamos que tras esa sucia operación se veía dibujada nítidamente la R de Rubalcaba, tras las informaciones que el diario El Mundo lleva a su portada no podemos otra cosa que asegurar que el favorito en las quinielas para suceder a Zapatero está pringado hasta el cuello de mierda.
Sabemos ahora que el Gobierno no reparó en esfuerzos y gestos hacia la banda para que el primer proceso de paz (el segundo está en marcha) llegara a buen puerto.
Son escalofriantes las conversaciones de terroristas y emisarios de Zapatero recogidas en las actas de la banda criminal. En ellas se ve a las claras que el Gobierno de zETAp, ya no se le puede definir de otra forma a no ser que se le llame ZParo, estuvo muchos meses de rodillas ante los asesinos vascos hablando con ellos de todo lo que se puede hablar y no solo del tiempo o del ascenso de la Real Sociedad.
El famoso presidente de los socialistas vascos, un tal Heriguren, fue uno de los intermediarios con esta escoria humana y llegó a poner sobre la mesa la anexión de Navarra a Euskadi para que los terroristas continuaran sin matar, pero también sin abandonar las armas definitivamente.
Los encapuchados se quejaban de que necesitaban más gestos por parte del Gobierno, aun más, muchos más, no solo se conformaban con que ZP hubiera dejado caer a Alonso en detrimento de Rubalcaba, ese ministro amigo que llegó con la misión de darle solidez al proceso como demostró en la operación Faisan.
Tampoco se conformaban los asesinos con la destitución del fiscal Fungairiño, un verdadero moscón cojonero para sus objetivos.
En esos momentos sobraba la COPE, sobraba la AVT con su rebelión cívica que sacaba en cada una de sus convocatorias a millones de españoles a las calles bajo una marea de banderas rojigualdas y por supuesto sobraba el PP, el viejo PP, no el que conocemos ahora.
Este hecho que El Mundo saca a la luz en otro país civilizado significaría el cese inmediato del ministro del Interior y la posible caída de un gobierno como el del señor Zapatero.
Colaborar con banda armada y encamarse con la ETA aún después de la voladura de la T4 madrileña es asqueroso y repugnante. Dos ciudadanos ecuatorianos perdieron la vida en aquel atentado y al ministro de los GAL, héroe del 13M y F del Faisán le dio lo mismo para continuar con el proceso.
¿Y qué dice Mariano Rajoy? Como siempre habla tarde, mal y nunca, evitando pedir dimisiones, evitando la moción de censura y queriendo solo hablar de Economía y de Teledeporte.
Está claro que España tiene el gobierno y oposición que se merece. Si tras esta clara demostración de delito aquí no pasa nada, es que jamás pasará.
Se ha demostrado que se habló de política con los asesinos que llevan a sus espaldas más de mil muertos, que éstos le entregaron a uno de los emisarios una carta personal para ZP, que el Gobierno maneja sin ponerse colorado la judicatura y que sustituye jueces y fiscales a su libre albedrío, que hablaron con ETA de la posibilidad de ofrecerles fondos si hubiera caído el aparato de extorsión de la banda en el Faisan y que los muertos no hablan pero tampoco pesan sobre los actos de unos políticos indignos y repulsivos.
Todo esto sucede con unas elecciones a la vuelta de la esquina, con Batasuna intentando colarse en los ayuntamientos vascos y con un Zapatero pensando en su retiro dorado en su León natal, aunque haya nacido en Valladolid.
Pero hoy… hoy solo se hablará de lo mal que estaba ayer el campo lituano donde ayer ganó la Selección 1-3.

viernes, 4 de marzo de 2011

La siesta española

Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que escribí en este blog, que es el mío. Por ello pido disculpas a mis lectores en el caso de que aún me quede alguno.
Como dijo Julio Iglesias, la vida sigue igual, y aunque todo se vaya a pique, los ciudadanos tenemos que seguir con nuestras tareas diarias nos den pan o nos den tortas.
Viene esto a colación del 23F. Yo no tenía memoria por aquel entonces, era un bebé de meses, pero me fío más del testimonio de mi padre que del de José Bono. El Sietemachos.
Aquella noche no hubo salvapatrias alguno y si el golpe hubiera triunfado, los españoles lo hubiéramos aceptado estoicamente, como hicimos con Fernando VII, con la República o con Primo de Rivera.
Y es que muy lejos queda ese pueblo heroico español que tenía a media Europa cogida por las pelotas, como dice Reverte en el Capitán Alatriste. Ese carácter indómito y aventurero que nos llevó a evangelizar y conquistar América y a extendernos por media Europa, ya es cosa del pasado, como el Imperio Romano o el Persa.
La sociedad española ya no es la del 2 de Mayo ni la del Motín de Esquilache. Ya no sale a la calle para quejarse de los desmanes de sus gobernantes.
Está claro que pueden hacer de nosotros lo que quieran que nuestras protestas no pasarán más allá de una tertulia de bar, eso sí, sin fumar. Claro.
Nos amenazan con quitarnos la libertad de circulación con nuestro vehículo, nos suben la gasolina a 1,30, bajan el límite de velocidad a 110, nos dicen lo que debemos comer, cuando ahorrar, cuando es malo el hacerlo y pronto nos dirán en que postura hacer el amor y… ¡aquí no pasa nada!
Nos quitan el tabaco, las libertades, algunos se forran a costa nuestra como José Bono o los sociatas andaluces a base de EREs ilegales que les hacían trabajar el mismo día de su nacimiento, pero ellos manejan el sistema, ellos la justicia y aquí no pasa nada…
Tenemos el caso Faisán, el 11M sin resolver, la corrupción de Mercasevilla, el Gurtel, la persecución del castellano y hasta un partidillo etarra que se llama Sortu, pero los telediarios abren en El Cairo, en Libia o en Túnez, que es lo que de verdad le importa a mi madre y a mis queridas abuelas.
Aunque quizás sí que importe, tal vez aquellas sociedades atrasadas y agrestes nos estén dando una lección de ciudadanía, de rebelión cívica, de valentía individual y colectiva.
Allí la policía y el ejército no se andan con miramientos y disparan antes de preguntar, pero aún así, a pesar de las decenas de muertos, de las cargas policiales, de los bombardeos indiscriminados, masas de personas salen a las calles pidiendo un cambio en sus vidas y en sus gobiernos, a riesgo de perder su vida.
Ya tendremos tiempo de analizar si tras las revueltas está Alkaeda, el integrismo islámico de Arabia Saudí o simplemente el ansia de libertad y democracia. De momento tenemos las imágenes de pueblos echados a la calle para reivindicar lo que creen se merecen.
Y todo ello a treinta años del 23F. Aquella noche de febrero nadie se movió de sus casas, excepto los políticos que decidieron exiliarse por si las moscas.
Fue un golpe, digamos militar, pero la ciudadanía española dormía el sueño de los justos y… aún no ha despertardo.